Desdén (cuento corto)

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Desdén (cuento corto)

Mensaje  paloma larraín el Dom Oct 19, 2008 1:43 pm

Hace algún tiempo, en ningún espacio o en algún lugar es donde alguna vez un par de manos sucias y cansadas, manos humanas y agotadas, rabiosas de sentir cómo los cuervos destruían sus cosechas, dieron vida sin cuidado ni compasión a una esbelta y triste criatura rellena de paja, hierba y corazón. Un ser de ojos grandes y huecos, profundos como dos cuencas vacías. Sus ropajes eran de melancólica apariencia, vestía de caballero con un sombrero de copa y un viejo terno a rayas desgastado por los años y la experiencia. Su rostro estaba carente de toda expresión para poder llevar a cabo su abominable misión: Espantar a las aves.

El padre del hombre de hierba lo bautizó como Desdén y lo amenazó para que asustara o le quitaría la cabeza y la echaría a la chimenea para verla arder. Cuando terminó de vestirlo, por la noche lo clavó a la tierra y de esta forma el espantapájaros se hizo prisionero de su propio hogar, en el cual estaría condenado por siempre a una sola acción: asustar.

Todo lo que Desdén podía ver a través de sus ojos oscuros y profundos era un montón de espigas a las cuales hablaba cuando se sentía demasiado solo y moribundo, pero jamás recibía una respuesta. Se conformaba con verlas bailar al compás del viento. A veces levantaba la mirada y en el cielo estaban los cuervos traviesos esperando, acechando. A lo lejos había un montón de tumbas que por la noche se abrían para dejar a los muertos festejar entre risas, mientras él se sumergía en su soledad. No comprendía por qué las espigas podían danzar junto a otras, los cuervos volaban de la misma manera y los esqueletos de la noche se burlaban de la vida y disfrutaban la muerte, mientras que él parecía destinado a la eterna agonía del silencio propio y a la indiferencia de los demás.

Un día, cansado de su aislamiento y poseído por la melancolía, decidió desobedecerle a su patrón, tomó un puñado de trigo y lo puso en su mano hecha de hierba, esperando a que algún cuervo allí se posara - no será grave si alivio el hambre de estas aves oscuras, son tan sólo indefensas criaturas – pensó Desdén, esperó muchas horas con ternura, hasta que llegó el crepúsculo y los cuervos comenzaron a descender y a comer lentamente de sus pies. Más tarde, algunos de ellos se elevaron para alimentarse de las semillas que esperaban en esas generosas manos. El hombre de heno sonreía dichoso y confiado, sin saber lo que las aves oscuras tenían planeado.

Cuando vieron que Desdén se había distraído demasiado, entre risas y miradas de malicia, lograron arrancarle un brazo entero a crueles picotazos. Querían llevarlo de trofeo y enseñarlo a las demás avecillas como muestra de una falsa batalla violenta y sádica de la cual deseaban presumir. Las carcajadas de los alados volaban por el aire como cuchillos directos al corazón del muñeco, quien se sintió tan frustrado, que por primera vez brotaron lágrimas de sus ojos huecos. Con dolor y en un hilo de voz pidió su brazo de regreso, pero los pajarracos se rieron aún con más fuerza, mientras se posaban en todo su cuerpo y aleteaban rápido sin ninguna pizca de vergüenza.

Ya había caído la oscuridad en aquel lugar y como todos los anocheceres los difuntos abrirían sus tumbas para salir a festejar, celebrar que ya no necesitaban respirar. Se escuchaba una orquesta de huesos, movimiento bajo tierra y un montón de esqueletos brotaron del suelo con los dientes llenos de risa. Se reunieron las pandillas y esperaron a las señoritas, que aún muertas se acicalaban antes de ser vistas.

Una vez todos juntos comenzaron a cantar y a beber como de costumbre, mientras las muertas meneaban el esqueleto con un ritmo sensual, pero fúnebre. De pronto, el huesudo más guapetón, atractivo y codiciado escuchó las burlas dedicadas a Desdén, volteó su cráneo y pudo divisar el espectáculo a lo lejos, se percató inmediatamente de lo que ocurría. Arreglando su chaqueta de cuero ochentera, sonrió y silbando llamó a sus camaradas, quienes respondieron al instante. Sabiendo de quién se trataba, era mejor apresurarse, todos obedecían a ese difunto, era popular, rudo y astuto.

Caminaron hasta la escena con una mirada penetrante, desafiante. Los cuervos se apartaron, los muertos se acercaron. Su líder miró al hombre de hierba como si lo examinara, lo notó tan frágil, deshecho y sentimental que sintió una furia difícil de soportar. - ¡Cobarde! – le gritó en la cara con los ojos grandes, poseídos por la rabia. Aquel cadáver jamás había soportado ver a un hombre llorar, ni amar, era cosa de mujeres. El espantapájaros lo observó triste sin comprender, él sólo quería ver a las aves felices, darles un poco de comer. Nunca pensó que le pagarían de esa forma y respondió con dolor - ¿Por qué me llamas de esa manera? – al oír esto, los huesudos soltaron una gigante risotada que contagió también a los cuervos, crueles, todos se burlaban imitando al pobre Desdén, quien seguía sin entender.

El fanfarrón mayor le quitó el sombrero de copa al triste, solitario y esbelto espantapájaros, lo puso en su calavera y con una voz tan fría como el hielo dijo: - Eres un espantador de aves, un hombre, debes comportarte como tal, tener un corazón duro y una apariencia robusta. ¿O vas a dejar que todos se aprovechen de tu angustia? – y con estas palabras volvió a acercarse para devolver al muñeco su brazo y sombrero.

Justo cuando la esbelta criatura volvía a sentirse aliviada por su brazo, su corazón dulce comenzó a latir con fuerza, con tanto estruendo que todos pudieron oírlo y así, el líder de los muertos apoyó su cráneo violentamente en el pecho de Desdén, con sus manos como garras arrancó el órgano delatador mientras el muñeco gritaba de dolor: ¡es una manzana! - dijo con voz macabra, mientras todos volvían a mofarse de la natural bondad que poseía el triste individuo.

El malvado esqueleto tomó una roca y la ubicó en el pecho del melancólico sujeto. – Ahora eres un hombre de verdad – fueron las últimas palabras del cadáver que se alejó bailando con una botella de alcohol en la mano junto a sus compañeros y los cuervos que lo siguieron de la misma forma, danzando.

El triste Desdén sentía que su nombre lo había condenado más que nunca. Pasó la noche con la cabeza baja, el alma destrozada y sus cabellos de punta. Mientras observaba las siembras podía mirar su corazón de fruta completamente desgarrado. Intentó desenterrarse para alcanzarlo, pero recordó que era un prisionero de su propio territorio. Crucificado a la soledad, cansado y abatido cerró los ojos sumergiéndose en sueños.

Al día siguiente, justo en el amanecer, los cuervos regresaron para observar curiosos como seguía Desdén. Mientras el muñeco aún dormía la brisa se hacía mujer adornando su femenino cuerpo con un largo y elegante vestido de aire fresco, puro y limpio como el de las mañanas. Con un torbellino apartó a las aves oscuras, a los insectos y a la tristeza que rondaba cerca de la criatura de la cual se había compadecido y enamorado perdidamente a causa de tanta bondad e inocencia.

La damisela de brisa tenue y placentera, se acercó suavemente para despertarlo con una caricia. Con un soplo en sus mejillas, conquistándolo en seguida observó al hombre de paja sonreír, la soledad abatir. Sanó su herida en el pecho, quitó la piedra llena de dolor y ubicó allí mismo su verdadero y dulce corazón.

Una fuerte ráfaga de viento levantó la cola del vestido transparente, mientras los difuntos y los cuervos miraban con los ojos gigantescos, llenos de envidia, impacientes. La hermosa mujer de aire envolvía en un abrazo de amor al esbelto y bondadoso muñeco, que pronto se elevó para cambiar de forma a un montón de espigas doradas, siendo siempre la misma hierba honrada.

Desde ese día viaja entre nosotros y junto a la hermosa brisa el pálido Desdén, quien acaricia nuestros rostros cada mañana, nos cubre por el atardecer y nos abraza por los ventanales, moviendo las cortinas y los ropajes cuando llega el anochecer.



Escupemociones.
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Re: Desdén (cuento corto)

Mensaje  Vae Victis el Dom Oct 19, 2008 10:54 pm

Desdén, la incomprensión
Los cuervos, el alrededor
El viento, la naturaleza que sí comprende.

Uff.... es como tan introspectivo, palomita.

No estoy haciendo una crítica, como alguna vez me dijo Juan, es mejor dejarlo así..tal y como está.

Muchas gracias por postear esto.

=)
Saludos (y bievenida a todo esto)
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Re: Desdén (cuento corto)

Mensaje  paloma larraín el Jue Feb 19, 2009 1:31 pm

oh, es de como hace mil años el mensaje y no lo había visto, sorry!
Gracias por leer y entender :*
un abrazo
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