[Cuento] Los detractores.

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[Cuento] Los detractores.

Mensaje  Dream Walker el Lun Ene 26, 2009 6:12 pm

No acostumbro postear cuentos míos, pero considero que está bien para animar el foro. Ahí me cuentan qué les parece.

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Los detractores.

Actualmente la figura de Neruda está seriamente sobreestimada. Aún a más de 30 años de su irrefrenable (y más que nada predecible) explosión, algunos siguen cosechando los frutos de libros y libros de poemas básicos que continúan vendiéndose más o menos con el mismo éxito de entonces todos los años como sandías en el verano. El rebaño continúa alimentándo sus balidos con los mismos cánticos infantiles inalterados (inolvidables claman ellos).
El hecho de que esté sobreestimado no es una molestia popular, aún cuando debiese serlo. En cambio, pareciera que solo a algunos, ni si quiera todos, ni si quiera a la ínfima mayoría de los ratones de biblioteca, el tema les incomoda de alguna forma. Aquellos que leen "Canto General" y sienten que sus entrañas son trituradas ven con dezasón y desconcierto como ni si quiera sus grandes maestros, aquellos que les acercaron la misma obra años atras, genios magnánimos y majestuosos sienten una miserable pizca del espanto que a ellos los congela cuando se enfrentan a cualquier oda, especialmente la dedicada, con todo aroma y gusto preciso, al caldillo de congrio.
Dos preguntas se imponen entonces cuando los sublimes, auqellos que crecieron adorando el simplismo localista del autor y su divinización a lo terreno, se enfrentan cara a cara con un anti nerudiano. Primero, con sonrojadas mejillas (que nada tienen de rubor y mucho de sangre en la cabeza) y temblorosos ojos inyectos en sangre: ¿Quién podría odiar a Neruda, o peor aún, su obra? y luego, cuando "estúpido" o "ignorante" han compensando toda prematura especulación de respuesta que les permite volver a palpitar como antes: ¿Por qué?
Lo cierto es que los pocos y breves, aún cuando, es cierto, potentes y eufóricos en sus demandas y argumentos, detractores de Neruda no son ni estúpidos ni ignorantes. Con argucia han debido enfrentarse a un cánon tan férreo y tan consolidado a través de los años que no a pocos (aunque sí son pocos) les ha parecido que de pronto no solo están luchando contra la literatura de un humano cualquiera, sino con un país cargado y sin seguro, dispuesto a disparar a la primera amenaza.
Su historia se remonta hace más de dos décadas cuando los entonces jóvenes primerizos en el arte de la lectura se enfrentaron, cada uno a su manera y de formas distintas a la obra nerudiana. El factor común fue que crecieron, a lo largo de todo el país e incluso fuera de este, con un enorme signo de interrogación en la frente y cuando, por fin alguien se dignó a preguntarles por qué la mueca de asco, por qué no estaban de acuerdo, obviamente tenían que estar de acuerdo, ¿quién en su sano juicio no lo estaría?, no quieren ser como esos revolucionarios nihilistas de pacotilla que abundan por doquier (especialmente en el mundo de las letras, susurraban misteriosamente los más insidiosos), ¿cierto? Les dijieron que el nihilismo era para los mediocres, para los que se sentaban y se cruzaban de hombros sin pensar en nada ni en nadie, para los que nunca serían nada (justamente porque eran nihilistas), pero no lo creyeron, como tampoco creyeron en el nihilismo ni en Neruda.
¿Quiénes son entonces los misteriosos detractores, los impúdicos detractores que se atreven a repletar de estiercol las sagradas escrituras? Son los que no creen en nada, ni si quiera en el dadaísmo, ni si quiera en el absurdo, ni si quiera en creer en nada; son los que quieren ver el mundo en llamas, nada más.
Los novíssimos, aquellos morbososo retoños de la generación altruísta, esos que crecieron queriendo premios nacionales y viajes por el mundo promocionando sus best-sellers, se alimentan parsimoniosamente de Neruda, tanto como él succionó la leche materna de un Chile angustiado por su errático futuro y su imprevisible presente. Ellos, tomados de las manos de sus guías de frentes y pies arrugados, también se espantan cuando alguien se caga en Machu Picchu, pero no lo hacen con la sinceridad inocente de sus maestros; primero alzan la mirada disimuladamente y observan a sus oráculos de sal procurando no perderse ni un solo movimiento, luego, cuando ya los han estudiado a fondo, repiten una y otra vez (cuantas veces sea necesario) una especie de espasmo terrorífico importado de una espantosa película B.
Los detractores de Neruda no son soldados ni oportunistas, no buscan revolucionar a nadie y desprecian a cualquiera que desee seguirlos como una luz al final del túnel. Incluso se desprecian entre sí y consideran, no sin una falsa amargura, que todo movimiento esta destinado a la ruina de volverse libro. Ni parias ni anarquistas, cuando se le pregunta a uno de ellos, aún con el tono más condescendiente y lastimero posible, la respuesta es siempre la misma, un monofónico canto que más parece una instrucción que un himno: no soy (ni somos) nadie.
Gústele a quién le guste esta respuesta, la pregunta inicial ya encontró en su senda un camino fácil de seguir, simple de conseguir pero invisible para cualquier honestidad social de cafetería. La segunda respuesta, sin embargo, no se acicala a sí misma en la paradoja ni se alimenta del contrario aparente. Sus báses, tanto intelectuales como fantasiosas, se esconden en el odio más académico que una generación abandonada a su suerte haya podido crear.
No tienen (los detractores) ambiciones de originalidad. Uno de sus múltiples y siempre poco estables dogmas es que todo, absolutamente todo lo que puedan ellos pensar o formular no es más que un sucio y pueril pastiche de algo que ya dijo alguien en algún otro momento de la historia de la humanidad. Libres de ambición, sus argumentos se escurren como ríos de leche agria por su personalidad: nadie puede crear nada.
Cabe señalar que los detractores de Neruda son en realidad los nuevos detractores de Neruda. Hace ya un tiempo, algunos intelectuales alzaron sus voces para criticar la oportuna obra del autor y sus básicos, aunque efectivos, recursos (extra) literarios. Aún cuando sus postulados resultaron válidos para unos cuantos finalmente no prosperaron y sus ácidas aseveraciones se vieron relegadas a manuales de teoría literaria que nadie, o casi nadie, leerá jamás.
Los nuevos detractores, sin embargo, jamás se preocuparon por leer a sus antecesores, sojuzgándolose a priori como academicistas y pseudo-intelectuales que se preocupaban más por succionar de Neruda tanto como los otros academicistas habían succionado ya de él y que, a su vez, este había succionado del país. Su crítica, lejos de seguir la línea argumental de sus contemporáneos ideológicos, la rechaza con aspavientos de náuseas y mal aroma. Para los nuevos detractores, lo más decadente de Neruda radica en su espíritu (que dicho sea de paso, niegan con absoluta frialdad), un espíritu de elocuencia pedestre y pueblerina, una especie de populismo literario del que ha venido de la ciudad a robar los cerdos de los campesinos para volverlos salchichas. La imagen se les hace análoga a la visión de Violeta Parra en el Louvre (bandera de lucha de los, también existentes, detractores de Parra; Violeta, Nicanor y Roberto por separado).
Narra el supuesto primer detractor (de los nuevos detractores) que, un día, mientras terminaba de tender su cama para bajar a la playa a no tomar sol ni a bañarse en el mar, escuchó en la televisión, que tenía encendida a pocos pasos de distancia, de un lugar en Isla Negra que aún guardaba un especial cariño por el nóbel chileno. Se trataba de un restaurant de nombre reservado o irrelevante, según el narrador, en donde Neruda solía cenar cada cierto tiempo sin otra compañía que la de una botella de vino.
La dueña del establecimiento, cincuentona, hija de los originales dueños de los que había heredado el lugar, se glorificaba a sí misma frente al entrevistador silenciosos señalando sin verguenza alguna (de verdad, sin un mínimo de sana verguenza) que era capaz de preparar la receta exacta del caldillo de congrio que Neruda tanto había elogiado.
Apabullado e inmóvil, el primer detractor escuchó solemnemente las declaraciones de la locataria que anunciaba con orgullo su próximo proyecto consistente en crear una "mesa nerudiana" con la finalidad de mantener siempre una mesa reservada para el poeta (obviamente tras previo aviso publicitario por la televisión) con una copa de vino (su vino) y uno de sus tantos platillos preferidos.
Antes de apagar el aparato, el detractor procuró prestar especial atención al nombre del programa televisivo. "Enalteciendo Chile". Sin poder evitar una carcajada, el detractor se irguió y partió en busca del teléfono. A los cinco días del acontecimiento él, junto a un selecto grupo de detractores de Huidobro, Darío, Mistral y Redolés se abrieron paso en medio del repletado restaurant y, cuales buitres sedientos de sangre, orgullosos y calvos de tanto devorar carroña, pidieron sentarse en la afamada mesa de Neruda. Tras un breve forcejeo económico se les admitió el honor y privilegio de sentarse y los detractores, negros, oscuros y silenciosos cual cortejo fúnebre, tomaron asiento junto a la ventana que daba hacia un mar sereno y turbulento.
Cada uno solo pidió un plato, todos seleccionados con cuidado siguiendo estrictamente los gustos del nóbel: la plateada de Neruda, la ensalada de Neruda, aliñada con las especias de Neruda, la carne roja y blanca de Neruda, incluso el líquido rojo que tanto placer sentía el autor en tener cerca suyo y, por supuesto, el polémico caldillo de congrio de Neruda. A las dos horas, satisfechos, taciturnos y fríos, dejaron el establecimiento con una considerable suma de dinero desaparecida de sus bolsillos.
Tras el acontecimiento no hubo llamadas ni comentarios al respecto. Cada detractor partió tal como había llegado, sin decir una palabra a nadie. Sin embargo, uno de los más nuevos detractores de los nuevos detractores hizo valer sus contactos con una prestigiosa revista gastronómica de difusión nacional y a vista y paciencia de todos minó despiadadamente el lugar. Cuando le preguntaron porqué aborreció tanto la experiencia el detractor, haciendo uso de un impresionante poder de síntesis solo respondió, por él y los que con él habían estado sentados a la sombra del galardonado autor : "La comida no estaba mal, pero pretender alimentarse de un símbolo es inexcusable, especialmente si ese símbolo está muerto, enterrado y apestando a pescado hace mucho tiempo".


Última edición por Dream Walker el Vie Ene 30, 2009 12:42 pm, editado 1 vez
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Re: [Cuento] Los detractores.

Mensaje  Dream Walker el Miér Ene 28, 2009 9:04 pm

18 visitas y ni una respuesta. So much for the art forum.
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Re: [Cuento] Los detractores.

Mensaje  Angelcoma el Jue Ene 29, 2009 1:54 am

elegiste un cuento muy fome para animar el foro. me animaría mucho más hasta un chiste de Checho Hirane.
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Re: [Cuento] Los detractores.

Mensaje  Vae Victis el Jue Ene 29, 2009 2:16 am

Yo tengo hartas ganas de leerlo y opinarlo, pero realmente estoy out of time ahora.

Tú sabes, tantas vacaciones, salir pa acá, salir pa allá .... me dejan tiempo sólo para tirarme a la cama cuando llego a casa. Te prometo que leeré en cuanto tenga un buen tiempo. Si leo ahora no entenderé nada.

Saludos !

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Re: [Cuento] Los detractores.

Mensaje  Dream Walker el Jue Ene 29, 2009 2:24 am

Angelcoma escribió:elegiste un cuento muy fome para animar el foro. me animaría mucho más hasta un chiste de Checho Hirane.
Áh shusha, y yo que pensaba que era un foro de literatura cuando era de humor.
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Re: [Cuento] Los detractores.

Mensaje  Vae Victis el Vie Ene 30, 2009 3:47 am

Lo he leído tranquilamente, acá diré lo que necesito decir.

1) Revisa la ortografía, hay mucho que cambiar antes de subir al foro, la gracia es que sea un texto agradable a la vista y las faltas ortográficas dañan el look.
2) Sería también agradable y ameno a la vista separar con un espacio los párrafos, para no hacer tan tediosa y confusa la lectura. Tantas letras juntas pueden confundir la lectura, especialmente cuando se lee en el computador.
3) Aun siendo sólo un foro, a la próxima por favor deja el texto alineado. Puedes editarlo todavía, selecciona todo el texto y le das al botón "Justificar". La estética es siempre importante.
4) Esto es más personal. ¿Qué es lo que pasa con los paréntesis?. Están todos bien usados estrictamente, pero ¿no sería mucho mejor usar comas en algunos en vez de extraños y confusos paréntesis?


Ahora, hablando del texto en sí, sólo puedo decir que posee una narración lenta pero un detalle descriptivo muy pulcro y correcto.
De todos modos, hay algo que me queda dando vuelta. Con todo lo bueno, neutral y malo que pueda tener este texto, definitivamente no me parece a mí un cuento, más bien un ensayo como cualquier otro, con algunas excepciones. En realidad, hay excepciones por montones, pero viendo la generalidad, para mí no es más que un ensayo; bueno, pero ensayo al fin y al cabo.

Saludos.

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Re: [Cuento] Los detractores.

Mensaje  Dream Walker el Vie Ene 30, 2009 12:24 pm

1) Si me dices qué faltas hay, las corrijo.
2) Es arbitrario, a mi no me gusta separar los párrafos con un renglón porque te queda el texto todo disperso y desordenado. En todo caso entiendo que se ve como un bloque y es menos llevadero de esa forma, quizás con lo de justificar se vea mejor.
3) Toda la razón, gracias. La verdad es que es mi karma no justificar nada, antes, ahora y probablemente más adelante también. Lo corrijo.
4) Si me dices qué ventajas presenta la utilización de comas sobre la utilización de paréntesis puedo considerar modificarlos.
5) Es un cuento porque no existen, así como los describo, detractores de Neruda en la realidad. El ensayo debe partir desde aspectos de la realidad y reflexionar sobre ellos de la forma que le parezca conveniente, sin embargo, nada de lo que aquí puse es más que ficción, por tanto, tendría que ser un ensayo respecto a una realidad no existente... creo que queda mejor "cuento", por último, para ahorrarse las explicaciones.
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Re: [Cuento] Los detractores.

Mensaje  Vae Victis el Vie Ene 30, 2009 10:20 pm

Perfecto.

Lo de las faltas de ortografía son palabras que fueron escritas rápidas y quedan con la forma "palarba" en vez de palabra, ¿me entiendes?. Me da lata volver a leer el texto buscando las faltas, pero hay algunas por ahí.

Lo otro son los "ni si quiera". Seguramente tienes una explicación para eso, pero por lo menos yo tengo entendido que la palabra es "ni siquiera".

Lo de los paréntesis lo resumo con este ejemplo:

(...) luego, cuando ya los han estudiado a fondo, repiten una y otra vez (cuantas veces sea necesario) una especie de espasmo terrorífico importado de una espantosa película B (...)

Acá, como opinión personal, creo que vendría mejor un par de comas que unos paréntesis (incluso sabiendo que tampoco hay un mal uso de los paréntesis).

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